Explorando la integración vertical en la cadena de suministro

En una estrategia de integración vertical, una empresa controla múltiples etapas de la cadena de suministro involucradas en su proceso de producción. Como resultado, se reducen las dependencias de terceros. La integración vertical en la cadena de suministro puede abarcar desde un nivel de integración cero, donde se compra un producto ya terminado para su reventa, hasta una integración completa, donde la empresa no depende de ningún tercero en ningún aspecto de su proceso de producción. Un ejemplo de un modelo totalmente integrado puede ser una empresa de soluciones de robótica y automatización que fabrica o controla el suministro de todos los robots, software, otros sistemas de automatización, estructuras de estanterías, etc., involucrados en la implementación de una solución de automatización, y que además tiene la capacidad de instalar y poner en marcha dicha solución. Un ejemplo de una empresa con integración cero puede ser un socio de canal que simplemente revende robots adquiridos de un fabricante de robots. La integración vertical, entre otros beneficios, garantiza productos y servicios de mayor calidad para el cliente final, ya que asume el control de múltiples etapas de su proceso de producción en la cadena de suministro.

A diferencia de la integración vertical, la estrategia de integración horizontal implica la adquisición de competidores o negocios similares para ampliar la cuota de mercado. Esto permite sumar una cuota de mercado existente a la empresa, incrementando así su rentabilidad a un ritmo acelerado.

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